BLOG

Psicosalud Herrera

Acoso escolar o bullying

por | May 31, 2021 | Psicología para el día a día | 0 Comentarios

Para empezar a hablar de este concepto es importante saber qué se entiende por acoso escolar o bullying y qué lo diferencia de los conflictos relacionales que ocurren de forma puntual entre los niños o jóvenes.

El acoso escolar ha existido desde siempre en el entorno escolar siendo tratado como un fenómeno oculto bajo la denominación de «cosas de niños» o «chiquilladas». Ha sido en los últimos años cuando se ha empezado a tener en cuenta como una forma de maltrato entre iguales.

Cualquier niño puede ser víctima de acoso escolar. No existe un perfil determinado de acosador o víctima. Sí existen características que predisponen a los niños y jóvenes a convertirse en víctimas o en agresores. El acoso escolar no es un juego de niños. Es algo muy serio que puede dañar gravemente a los menores y dejar secuelas difíciles de superar y recuperar.

¿Qué es el bullying o acoso escolar? Cómo detectarlo

Por acoso escolar entendemos que es un trato degradante grave de un menor o grupo de menores hacia otro más débil (físico o psicológico) que ocurre de forma reiterada e intencionada, sometiendo a la víctima a una situación de humillación y vulnerabilidad que atenta contra su integridad personal. El acoso escolar puede ser físico o psicológico.

El objetivo del acosador es someter, intimidar, amenazar y excluir a su víctima mediante chantage y obtener algo de ella, ya sea reconocimiento social, poder, liderazgo, etc.

Para poder diferenciar claramente si estamos ante un caso de acoso escolar o no debemos tener en cuenta los siguientes aspectos:

Tiempo

Se trata de un aspecto que ha estado sometido a mucho debate por considerar desde ciertos ámbitos la necesidad de cumplir con un tiempo exacto. En la actualidad no existe un tiempo que haga incluir o excluir la situación como abusiva, si no que se entiende como un proceso que empieza con hechos leves y aislados que poco a poco comienzan a subir escalonadamente tanto en la repetición como en la forma de provocar el abuso.

Desde algunos sectores consideran que a partir de tres veces o más ya no se considera como un suceso puntual ni una casualidad la ocurrencia de los hechos. Esta reiteración es un síntoma de que está comenzando a ser algo sistemático hacia ese niño o adolescente.

Intencionalidad

Otro aspecto a tener en cuenta a la hora de definir el bullying o acoso escolar es la intencionalidad de los hechos. Se considera importante valorar ante un caso de bullying la intención que tienen los acosadores con los hechos de intimidación y maltrato. Ocurre en algunas ocasiones que los acosadores llevan a cabo comportamiento abusivos sin ser conscientes de ello ya que toman como un juego el burlarse o excluir a determinados compañeros.

Desequilibrio de poder

En la mayoría de las ocasiones (aunque no siempre) existe un desequilibrio de poder entre víctima y agresor, es decir, existen aspectos de la víctima que son considerados objeto de burla por los agresores. También sucede que los agresores se perciben con más poder que sus víctimas, ya sea basado en alguna característica física, estrato o contexto social, rendimiento académico, liderazgo, etc. En otras ocasiones puede ocurrir que el agresor sea víctima de acoso por otro grupo de compañeros y a su vez éste ejerza maltrato hacia otro compañero el cual percibe como más débil. Esto ocurre como una forma de «descargar» la rabia que siente él/ella ante la propia situación de maltrato. Es algo parecido a: «cómo a mí me lo hacen yo tengo que vengarme contra otra persona (como hacia mis agresores no puedo lo hago con otra persona que percibo más débil o inferior a mí)».

Conforme avanza la situación de acoso este desquilibrio suele crecer ya que los agresores adquieren más poder hacia la víctima que cada vez está más intimidada, excluida y sometida a las agresiones psicológicas o físicas. La víctima suele llevar estos sucesos de forma silenciosa bien sea por miedo o por vergüenza, la autoestima comienza a debilitarse y el aislamiento comienza a estar presente. Todo esto hace más difícil detectar las situaciones de acoso e intervenir sobre ellas.

Un indicador objetivo de que estamos ante un caso de bullying es que la vida del niño o joven que sufre estos hechos cambia por completo, viéndose afectada y alterada en todos los aspectos (consecuencias físicas, psicológicas o emocionales y sociales). Cuando la víctima espera que el maltrato ocurra o anticipa éste podemos decir que estamos ante un caso de acoso escolar.

Como padres, madres y educadores algunas de las señales que debemos tener en cuenta y que pueden alertarnos de que nuestro hijo o hija está siendo víctima de abuso escolar son las siguientes:

  • Dolores de cabeza o de barriga.
  • Negativa a la hora de ir al colegio o instituto.
  • Dificultades para conciliar el sueño o pesadillas frecuentes.
  • Pérdida de apetito o cambios en los hábitos alimenticios.
  • Cambios de humor. Inestabilidad emocional.
  • Tristeza y nerviosismo especialmente cuando se acerca la hora de ir al cole o el lunes.
  • Negativa a acudir al cole.
  • Cambios en el comportamiento del niño/a.
  • Pérdida o rotura de objetos, libros, ropa, etc
  • Disminución del rendimiento académico.
  • Reducción de los contactos sociales. Negativa a salir de casa o con los amigos.
  • Comentarios o comportamientos autodestructivos como escaparse de casa, etc.

Tipos de acoso escolar

Existen varios formas de llevar a cabo el acoso escolar según sean predominantes unos comportamientos u otros:

Acoso verbal

Consiste en hacer comentarios desagradables a las víctimas a través de:

  • Burlas o insultos
  • Amenazas verbales o gestos amenazantes.
  • Comentarios sobre su familia
  • Risas y comentarios señalando

Acoso social

Consiste en hacer comentarios o difundir información falsa para daañar la imagen o reputación de la víctima elegida. Esto supone:

  • Emitir comentarios que averguencen a la persona delante de un público.
  • Chantajear a los compañeros o amigos para que no se relacionen con ellos.
  • Difundir comentarios falsos (rumores) sobre la persona.
  • Dejar a la persona a un lado de forma consciente. No incluirla en las relaciones sociales o en los planes.
  • Negarse a hacer cualquier actividad con ella (deberes, trabajos, etc).
  • Perseguirla por los pasillos del cole o instituto, en la calle, etc.

Acoso físico

Supone provocar un daño físico a la persona o a sus pertenencias.

  • Pegar, pellizcar, escupir.
  • Provocar un tropiezo o empujar para que se caiga.
  • Coger sus cosas y romperlas o no devolvérselas.
  • Tirarle cosas con el objetivo de provocarle un daño.

Consecuencias del bullying

Consecuencias del bullying

En este post vamos a centrarnos en las consecuencias negativas que afectan a las víctimas que sufren bullying:

Ansiedad y depresión.

Una de las principales consecuencias que se observan en los niños que sufren acoso es ansiedad y sentimientos de tristeza. Estos niños presentan un estado continuo de vigilancia tanto en el contexto escolar como fuera de él. El temor a las amenazas, a las burlas, risas o agresiones físicas hace que reaccionen de forma desproporcionada a cualquier acercamiento que se realice hacia ellos. De igual forma se comportan de forma pasiva y miedosa ante los demás cediendo ante la menor señal de enfrentamiento o solicitud.

Aparecen sentimientos de tristeza que llevan a los niños a aislarse cada vez más, se sienten solos y desprotegidos, sin que nadie pueda hacer nada para salvarlos. Empiezan a preguntarse el por qué de la situación en la que se encuentran sin llegar a encontrar una respuesta lógica y racional. Esto no hace más que incrementar los sentimientos de tristeza que comienzan a ser la tónica general de su día a día.

Sentimientos de culpabilidad y miedo

Ante la repetición de los hechos los niños comienzan a desarrollar miedo y culpabilidad. Miedo por lo que puede ocurrir y por las amenazas y hostigamientos realizados. Culpabilidad al creer que son merecedores de tales improperios por sus características físicas, personales o sociales.

Como consecuencia aparece un fenómeno denominado indefensión aprendida. Por este término se entiende que la persona víctima de acoso se siente indefensa ante tales hechos llegando a asumir la responsabilidad de éstos. Es decir, es algo parecido a «abandonarse» a las amenazas o a las agresiones. El pensamiento que está en la base es: «haga lo que haga no puedo controlar que el agresor me haga o diga algo, es decir, estoy indefenso. No sé qué hago para unas veces recibir las amenazas y otras veces no».

Autoestima baja

Estas situaciones de bullying acaban provocando en los niños una baja autoestima (puedes leer nuestro post sobre baja autoestima en niños/as aquí). Los niños dejan de valorarse y acaban creyendo todas las calificaciones emitidas por los agresores. Por ello acaban asumiendo que son merecedores de estos hechos e incluso que si han sido elegidos es porque no tienen valor como personas.

Desmotivación o pérdida de intereses

Las situaciones de acoso acaban provocando que los niños dejen de tener relaciones sociales y contacto con el mundo exterior. Es tal el dolor que sienten que les genera una disminución en la motivación para hacer actividades de ocio con las que antes disfrutaba.

Disminución en el rendimiento académico

Los niños víctimas comienzan a prestar menos atención a las clases y a los estudios. Todo el centro de su atención está en las amenazas, insultos o agresiones que rodean su día a día. Ademáss pueden llegar a desarrolar un sentimiento de indefensión: «si no valgo como persona para que voy a seguir luchando y estudiando por mejorar» (recordemos que los agresores le hacen creer que son merecedores de este acoso y que son inútiles).

Incapacidad para tomar decisiones

La autoestima y la personalidad están muy mermadas por lo que la capacidad para tomar decisiones, por pequeñas que sean, queda debilitada o anulada. La vulnerabilidad en la que se encuentran y la creencia de inutilidad que presentan les hace muy difícil decidir qué es lo mejor para ellas.

Desconfianza generalizada

Debido a la situación que están viviendo y a que gran parte de los compañeros o amigos actúan de forma silenciosa (bien sea por miedo o por pasividad), una parte de ellos se muestra muy desconfiada hacia los demás. Incluso con aquellos que quieren ayudarlos a salir de tal situación.

Qué hacer ante un caso de bullying

¡No te calles!

En el bullying actúan tres partes: el agresor, la víctima y los testigos. En función de la parte en la que estés podrás actuar de una u otra forma. A continuación te ofrecemos una serie de pautas que puedes poner en marcha si te encuentras ante una situación de acoso escolar:

1. Si tú eres la víctima o tu hijo/a lo es.

¡No te calles! ¡Rompe con el silencio! Denuncia la situación y habla con el profesor que te inspire más confianza, con tu tutor, orientador/a, director/a, etc. Ellos tienen la obligación de investigar qué está pasando y poner todas las medidas necesarias para que la situación termine.

En tu casa cuéntalo a tus padres. Tu entorno familiar te dará toda la seguridad y confianza que ahora necesitas y te ayudará a parar la situación de acoso. Sé que tienes miedo pero, ¡Recuerda! si no actúas nada cambiará, todo se quedará igual. Seguirás sufriendo amenazas, insultos, intimidaciones, etc que no te mereces. Si lo cuentas lo tienes todo a tu favor, los adultos te ayudarán y esta situación cambiará a mejor.

Si es tu hijo el que está siendo acosado o intimidado:

  • Escúchalo y hazle saber que él/ella no es el responsable de lo que está pasando, no es su culpa. Dile que estás a su lado y que lo ayudarás en esta situación.
  • Evita comentarios del tipo: «lo que tienes que hacer es defenderte», «contéstale de la misma forma», «dile que….». Esto no le ayudará. Tu hijo/a siente miedo, vergüenza, fracaso, etc. y no está preparado para afrontar esta situación solo/a. Su atuoestima está debilitada por lo que actuar de esta forma le resultará tremendamente complicado o imposible.
  • Refuerza la autoestima de tu hijo/a. Señala las cosas buenas que hace en el día y que le hacen ser valioso/a.
  • Es importante que le expliques que diferencia hay entre «chivar» y «contar lo que está ocurriendo». La principal diferencia es la intencionalidad. La primera de ellas supone meter en problemas a alguien, hablar para perjudicar. La segunda permite proteger a alguien, contar lo que está ocurriendo para ayudar a resolver la situación.
  • Mantén una cita-reunión con el profesor o equipo directivo del centro escolar.
  • Enséñale a tu hijo a comportarse frente al agresor. Los agresores disfrutan del poder que sienten cuando ven a la víctima débil, «bajo sus pies» y con miedo. Por ejemplo, si el agresor le insulta, emite bromas o amenaza a tu hijo puede contestarle que eso que dice ya no le importa a nadie, no hace gracia y es hora de que se busque otra cosa que hacer. Tras esto darse la vuelta e irse a otro lugar.
  • En el caso de que la situación se agrave o extienda fuera del contexto escolar será necesario contactar con la policía para que sean ellos los que expliquen la forma de proceder.

2. Si eres testigo o tu hijo es testigo

Como padre o madre tienes la obligación de hablar con él/ella y hacerle entender que tiene que ponerse en el lugar de la persona víctima y comunicar la situación a los profesores. Es importante asegurarle que esto no los convierte «en chivatos» sino todo lo contrario, están ayudando a compañeros suyos que lo están pasando mal. Debemos hacerle saber que no deben tener miedo porque en el momento en el que el agresor no se sienta apoyado dejará de actuar.

Si eres hijo/a, amigo/a, compañero/a de una persona víctima de acoso escolar te digo algo: ¿qué te gustarían que hicieran tus compañeros si estuvieras en su situación?. Piénsalo. Probablemente te gustaría que te ayudaran. ¿Cómo? hablando y contando lo que está pasando a pesar del miedo que sientes. Por eso es importante que como testigo rompas la «ley del silencio», es decir, que no permanezcas pasivo ante tales hechos. No vale eso de «no quiero líos», «yo no hablo que me meto en follones». Te aseguro que puedes ayudar y mucho a tu compañero que no se merece (ni él ni nadie) eso que le están haciendo. Intenta conseguir más apoyo de compañeros que sabes que están observando la misma situación que tú. Cuando el agresor deje de sentir apoyo y respaldo de los testigos ayudará a que éste pierda interés por la víctima.

En muchas ocasiones los agresores mantienen sus comportamientos intimidatorios y amenazantes por el poder que creen que ganan y el «miedo-respeto» que se genera hacia ellos. Les proporciona liderazgo ante sus iguales y la actuación de los demás refuerza su comportamiento provocando la repetición del mismo.

3. Si tu hijo es el agresor/a

Habla con él e intenta saber por qué actúa de esta forma. Hazle saber como se siente la persona víctima y como se sentiría él/ella si le ocurriera. Es importante hacer hincapié en el respeto hacia los demás como clave en la convivencia. También debemos ponerlo en conocimiento de los responables del centro escolar para que puedan actuar en consecuencia y estar alerta con las situaciones futuras de acoso.

Otras formas de acoso escolar

Una de las variantes que más auge está teniendo en los últimos años y como consecuencia del uso masificado de las nuevas tecnologías es el ciberbullying. Se trata de ejercer acoso utilizando los medios digitales como internet o redes sociales. Esto supone que puede ocurrir en cualquier momento del día, a través de móvil, redes sociales, correos, en casa, etc., es decir, el ciberbullying se puede dar en una frecuencia de 24/7, es decir, 24 horas al día los 7 días de la semana.

¿Te imaginas lo que es esto? Es un sufrimiento continuo a lo largo del día que no sabes en qué momento puede aparecer. Además el número de personas involucradas en la situación es difícil de calcular.

Una de las características de los medios tecnológicos, ya sea mensajería instantánea tipo WhatsApp o redes sociales, es la rapidez con la que accedemos a ella y nos llega la información. Por lo tanto es muy fácil expandir información, fotos, comentarios, etc. de forma veloz a un gran público. Las amenazas e insultos se vuelven más fríos y duros ya que a través de la pantalla «nos hacemos más fuertes». El anonimato que caracteriza al ciberbullying lo hace aún más devastador para la víctima.

Para las víctimas el ciberbullying llega a tener efectos devastadores para ellos ya que se sienten humillados, enfadados, frustrados, avergonzados, culpables, deprimidos e incluso con pensamientos suicidas.

Existen otras tipologías de acoso que son muy frecuentes, especialmente entre los jóvenes, y que causan mucho daño y malestar a aquellos/as que lo sufren. Aunque no es objeto de este post centrarnos en estras otras formas de acoso, si consideramos necesario al menos nombrarlas y tenerlas en consideración:

  • Grooming o ciberacoso sexual: es la manera en la que ciertas personas adultas tienen de ganarse la confianza de niños/as y adolescentes, a través de medios tecnológicos, para conseguir actos sexuales. Se trata de acoso sexual a menores a través de la red.
  • Sexting: enviar fotos, vídeos o mensajes de contenido sexual a través de dispositivos electrónicos.
  • Sextorsión: se trata de un chantaje sexual. Ocurre cuando una persona amenaza con difundir información privada y posiblemente comprometedora si no accedes a proporcionarle imágenes de naturaleza sexual, favores sexuales o incluso dinero. Es decir, si no haces lo que la otra persona te pida respecto al plano sexual.

También te puede interesar…

febrero 2023
LMXJVSD
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728 
Recibirás nuestras últimas entradas y consejos sobre psicología

¡Prometemos que nunca enviamos spam o información comercial! Echa un vistazo a nuestra política de privacidad para más información.

Categorías

Gabinete de Psicología presencial y online
¿Dónde estamos?
  • C/San Vicente, nº 25, Herrera (Sevilla), 41567

  • De Lunes a Viernes de 10:00h a 14:00h y de 16:30h a 21:00h.
w
Contáctanos
  • Fco Javier Quiles 617 158 360
  • Maribel Quiles 693 910 531
  • Contactar por email (CLIC AQUÍ)
¡Síguenos en nuestras RRSS!

Centro Autorizado por la Consejería de Sanidad de la Junta de Andalucía, nº registro 38791.